Nota del editor: Peggy Drexler es escritora de los libros Our Fathers, Ourselves: Daughters, Fathers, and the Changing American Family(Nuestros padres y nosotros. Hijas, padres y la cambiante familia estadounidense y Cómo criar hijos sin hombres).
Es profesora asistente de Psicología en el Colegio de Medicina Weill en
la Universidad de Cornell y fue especialista en género de la
Universidad de Stanford.
Lucía esperaba durante todo
el día su ritual favorito: meter a los niños a la cama, cambiarse de
ropa y servirse una generosa copa de Pinot Noir. "Mis amigas y yo
bromeamos acerca de que la maternidad nos 'lleva a la bebida', pero a
veces ese es mi caso", dijo.
"Siento que necesito relajarme", dijo. La mayoría de las noches bebía
tres o cuatro copas, aunque nunca más de eso, insistió. "En las noches
en las que no lo hago, desearía haberlo hecho", relata.
Durante largo tiempo, Lucía no pensaba
que su forma de beber fuera algo malo. No interfería con su maternidad
ni con sus relaciones. Hacía lo que tenía que hacer. Sin embargo,
últimamente empezó a preguntarse acerca de su hábito diario, de cómo
ansiaba hacerlo y cuando no podía, se quedaba inquieta.
Una parte de su preocupación se relacionaba con los antecedentes de
alcoholismo en su familia. "Mi padre era alcohólico y yo siempre he
pensado que tal vez yo podría serlo también; está en mis genes", dijo.
Aunque históricamente los hombres beben más que las mujeres, hay
muchas pruebas que indican que la brecha de género se está cerrando
rápidamente.
Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés), las mujeres están bebiendo mucho más que antes: una de cada ocho mujeres bebe en exceso —seis o más vasos en una sola ocasión— cerca de tres veces al mes.
En un estudio que se publicará en el número de octubre de 2013 de la revista Alcoholism: Clinical and Experimental Research se
descubrió que las mujeres en edad universitaria a menudo beben más que
los varones, lo que confirmó el resultado de un estudio que se efectuó
en enero de 2013 entre universitarios españoles, en el que se descubrió
que las estudiantes tendían a beber en exceso con mayor frecuencia que
los varones.
La Administración de Seguridad para el Tránsito en las Autopistas
Nacionales de Estados Unidos reporta que entre 1998 y 2007 aumentaron en
un 30% las detenciones de mujeres que conducen bajo los efectos del
alcohol. Según los CDC, las mujeres blancas con educación universitaria
de entre 18 y 24 años y en cuyos hogares hay ingresos mayores a 75,000
dólares anuales tienden más a beber en exceso que las mujeres de otras
razas, edades o niveles socioeconómicos.
Parte de este auge en el consumo de alcohol podría estar relacionado
con que los jóvenes permanecen solteros por más tiempo; se cree que las
mujeres socializan fuera de casa con más frecuencia de lo que solían
hacerlo las mujeres de su edad hace 20 años. También trabajan más y la
bebida a menudo es parte del trabajo en los sectores dominados por los
hombres, como la banca y la tecnología. En un estudio que se publicó en
el número de diciembre de 2012 de la revistaAlcoholism: Clinical and Experimental Research,
en el que se registró el consumo de alcohol en las personas que
nacieron después de la Segunda Guerra Mundial, se insinúa que la
evolución hacia la igualdad de género podría estar relacionada con los
altos índices de ingesta de alcohol. Esto indica que cada vez son más
las mujeres que tienen la oportunidad y que están bajo la presión de
socializar por cuestiones de trabajo y de "beber como los hombres".
Después de todo, aunque el almuerzo acompañado de tres martinis es una reliquia de la era de Mad Men,
el alcohol indudablemente juega un papel clave en muchos eventos
laborales. Entretener a los clientes es una de las formas en las que los
colegas compiten y la socialización después del trabajo es una parte
esencial de la cultura profesional. Muchas personas que no participan en
las relaciones de la oficina a menudo se sienten excluidas e incluso
sufren profesionalmente.
Sin embargo, las mujeres profesionistas no son las únicas que beben
más que antes. En un estudio de la Universidad de Cincinnati se
descubrió que, sorprendentemente, las mujeres casadas beben un poco más
que las solteras.
Sarah, ama de casa, empezó a beber con mayor frecuencia después de
tener a su tercer hijo. A menudo bebía sola porque su esposo viajaba
mucho por negocios. "Mi vida social está muy restringida; estoy en casa
todas las noches", dijo. "Solía tener una vida social activa. Ahora la
mayoría de las noches las paso alimentando a los niños, aseándolos,
metiéndolos a la cama… y luego me derrumbo frente al televisor". Dijo
que a veces, tomar una copa era una forma de recordar las emociones de
su vieja vida.
El caso de Sarah ciertamente no es único y, de hecho, las madres que
beben han alcanzado cierta aceptación y en algunos casos, la
glorificación. Los grupos populares en Facebook como Moms Who Need Wine
(Madres que necesitan beber vino) y OMG I So Need a Glass of Wine or I'm
Going to Sell My Kids (Dios mío, necesito una copa de vino o venderé a
mis hijos) tienen decenas de miles de fans e inspiraron a un vinicultor a
producir un vino especialmente para las madres estresadas. "Mete a tus
hijos a la cama", se lee en la etiqueta de los Vinos MommyJuice, "y toma
una copa de Mommy Juice".
Aunque el concepto del alcohol como vía de escape o de una recompensa
tras un largo día de crianza tiene como objetivo, incluso medio en
broma, aliviar a las madres de las presiones de ser perfectas o del
ascenso, ha puesto en evidencia el problema más grande de todos: muchas
mujeres no se dan cuenta de las señales de un problema de consumo de
alcohol.
Al igual que Lucía, muchas personas que tienen problemas con la
bebida no "tocarán fondo" ni tendrán ninguna clase de problemas. Tal vez
experimenten algunos efectos más insulsos, lo que impide que ellas o
sus familiares y amigos reconozcan el exceso en el consumo. En un
estudio británico reciente en el que se entrevistó a más de 22,000
personas y se publicó en la revista European Journal of Public Health,
se descubrió que la mujer promedio minimiza en un 60% sus hábitos de
bebida en días laborales y que hasta el 80% de las mujeres exceden la
ingesta diaria recomendada.
¿Son alcohólicas? Es difícil saberlo. Pero si crees que el
alcoholismo se presenta cuando existe una preocupación acerca de los
hábitos de bebida, del constante aumento de la cantidad de alcohol que
debes beber para obtener el mismo efecto, de la incapacidad para dejarlo
—y la mayoría de los médicos lo definen así— entonces son cada vez más
las mujeres que cubren el perfil, aunque con frecuencia se dan cuenta
por sí mismas.
"Mi esposo de repente hacía comentarios acerca de la cantidad de
botellas que enviábamos a reciclar", dijo Lucía, quien a final de
cuentas dejó de beber totalmente. "Decía: '¿Bebiste todo eso? ¡Pero si
no estabas ebria!' Pero, en retrospectiva, creo que sí lo estaba".
Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamene a Peggy Drexler.
